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Se ha multiplicado la presencia de profesionales no juristas en las plantillas de los despachos de abogados

por la necesidad de incorporar criterios de gestión empresarial a su estructura y funcionamiento, así como la creciente especialización que exige el asesoramiento legal. Informáticos, economistas, químicos, auditores o ingenieros se han ido integrando en el día a día de los bufetes, aportando no solo su conocimiento técnico o experto.